Viernes, 21 de octubre de 2005
Los que no residimos en Madrid pero admirábamos y respetábamos a Eduardo Haro por escribir lo que pensaba, sin tapujos, y levantando ampollas, sobre todo cuando se declara republicano y rojo, no podemos hacerle un mejor homenaje que recordar su último artículo publicado en EL PAIS.
Va por ti Eduardo!!!!
Último artículo escrito por Eduardo Haro Tecglen, el lunes 17 de octubre.
Se está discutiendo en el Parlamento otro estatuto menos llamativo que el catalán, pero no menos inquietante: el de los periodistas. Suele ocurrir a cada cambio de régimen, y éste se hace muy tarde con respecto al régimen anterior, el de Franco. Aquél, con Juan Aparicio -tercer carnet de Falange Española- cubría todos los aspectos de la vida del periodista, desde su título original hasta su castigo. Lo odié y lo cumplí, como tantas cosas de cada vida de hombre, y lo transgredí abiertamente cuando encontré la manera o la circunstancia por las cuales se podía burlar. Únicamente: no firmé la declaración de una página del carnet que contenía la aceptación de principios del Movimiento Nacional. Si me hubieran obligado, lo hubiera hecho. El sentido político de mi vida iba mas allá de eso. Un régimen totalitario requiere siempre una respuesta posible. Ah, y si me hubieran obligado me hubiera puesto el uniforme de periodista, que aparece dibujado y relatado con la Gaceta de la Prensa Española: gris, con gorra de plato... Como no se ha derogado, todavía tenemos ese derecho; pero no es una obligación. La realidad es que sólo se pusieron ese uniforme los que tenían que trabajar en actos oficiales en que se requería. El periodista repele el uniforme como repele el estatuto: quiere tener toda la libertad de trabajar hasta donde le permitan, y un poco mas allá.
Con respecto a este estatuto, naturalmente menos fascista que aquél, puedo decir que me siento molesto de una manera general. Un periodista no debe tener más ni menos obligaciones que una persona cualquiera: las laborales deben estar regidas por los acuerdos de su sindicato y sus patronos, en este régimen, y las de la posibilidad de escribir no deben tener más límites que los del Código: es decir, lo que pesa sobre cualquier ciudadano. Como la libertad de prensa no es un derecho del periodista, sino del ciudadano: el periodista es quien la trabaja hasta el punto en que le dejen, y eso no lo va a resolver un estatuto, por muchas cláusulas de conciencia que establezca. Peor: porque cada definición que se haga de la libertad de prensa es, al mismo tiempo, una definición de cuántas cosas se pueden hacer al margen de ella. Y siempre, en esta profesión y todas las actividades de la vida, el derecho y la ley son siempre las del poder. Se ve cómo la Constitución, ley de leyes, ha servido para todo y para lo contrario, y cómo puede servir, si se quiere, para ser más dura que la falta de constitución.
Por: Emilio Moya | Internacional | Comentarios (1) | Referencias (0)
Tendremos que seguir leyendo a Eduardo.
No siempre compartí sus enfoques; siempre me parecieron brillantes en las formas e inquietantes, para muchos, en los contenidos.
En este último sólo una observación. Particularmente entiendo necesario un cierto grado de autorregulación concebida desde el propio gremio.
Júcaro | 21-10-2005 22:52:32
Los políticos extremeños han destruido muchos tópicos, pero los residentes en Extremadura tenemos mucho que decir, y posiblemente a los trabajadores y desempleados europeos o de otros continentes, les apetezca saber como opinamos de las grandes decisiones
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