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Jueves, 08 de diciembre de 2005

¡Parece mentira Maragall¡.

El presidente de la comunidad catalana expresa en un artículo de opinión publicado en EL PAIS, una relación de emparejamientos históricos entre catalanes y castellanos, andaluces, etc, cuando menos sorprendentes para justificar su defensa política del proyecto de reforma política del estatuto catalán.

Intenta hacerle un guiño tanto a Mariano Rajoy hablando de que su abuelo redactó el estatuto gallego de 1936, como a José Piqué, contrastando su forma de hacer política con las dos legislaturas de José Mª Aznar.

Establece paralelismos entre la postura defendida por la Iglesia durante la dictadura y la situación actual…

Y todo ello para atreverse a afirmar que Cataluña es una nación, y que “algo huele a enmohecido en ciertos rincones del centralismo español más cerril”.

Sabemos que el 89% de los diputados catalanes ha aprobado en extremis el proyecto de reforma de estatuto, lo que no sabíamos es porque Pascual Maragall se pregunta:

¿qué otras garantías de rigor y hermandad hay que dar para que en el resto de España se entienda que no queremos romper sino unir, que nosotros no queremos irnos sino quedarnos, salvo algunos que al socaire de tanta incomprensión y tanto rebrote de españolismo excluyente no descartan que se les eche?

Cuando acto seguido habla de una intervención suya en el Senado, en la que dijo:

…la misma emoción que sienten muchos españoles al oír el nombre de España, la sentimos muchos catalanes al oír el de Catalunya, sin excluir un sentimiento de profunda emoción y pertenencia para con el nombre de España, el presidente de Cantabria contestó con gracia incomparable que a él "le ponían" igual Cantabria que España.

A nosotros, no. A nosotros esos dos conceptos, Catalunya y España, nos emocionan de manera distinta, pero no incompatible. Es más, a la mayoría de los catalanes de hoy nos une, con acentos distintos, la convicción común de pertenecer a una nación de naciones.


Toda esta entramada argumentación la esgrime para justificar la existencia de tres nacionalidades constitucionales que pueden aumentarse en tantas ocasiones como comunidades y ciudades autónomas existan…menos mal señor Maragall que ha intentado explicarse, pero le agradecería que no se vaya por las ramas y sea más claro a la hora de presentar sus argumentos, ya que de lo contrario, la impresión que uno obtiene de su artículo de opinión es la de alguien que busca justificar una serie de conceptos que tienen un difícil encaje, y además pretende que sus oponentes políticos cambien de opinión…

…¿ha encontrado la piedra filosofal y no nos hemos enterado?…

Por: Emilio Moya | Noticias Generales. | Comentarios (0) | Referencias (0)

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