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Jueves, 12 de enero de 2006

345 Peregrinos mueren en la Meca.

Es una auténtica aberración que a estas alturas, después de que en febrero de 2004 murieran 244 personas por el mismo motivo, y anteriormente, en 1990 muriesen nada más y nada menos que otras 1.426 vidas humanas, las autoridades iraníes no hayan echo nada por evitarlo.

Por lo visto, el quid de la cuestión está en que el puente de Jamarat, pese a su enorme anchura -equivalente a una autopista de ocho carriles- es un cuello de botella para las multitudes que acuden cada año a La Meca.

Durante el ritual del apedreamiento miles de peregrinos entran hacia las columnas por el mismo sitio por donde otras salen; todas se chocan; las personas se agarran con fuerza unas a otras para no perderse entre la muchedumbre, formando grupos compactos que arrollan a quien se ponga por delante.

Si a esto le sumamos que gran parte de los asistentes entran con el equipaje de viaje, y por lo visto al caérsele de las manos a algunos peregrinos, se paraban a recogerlo, y esto ha originado las avalanchas con los más de tres centenares de víctimas.

Más la valdría a las autoridades saudíes organizar esta peregrinación reliosa, en lugar de mirar para otro lado, y limitarse a prohibir la recuperación de sus equipajes, en el caso de que caigan al suelo, al menos 345 personas se lo hubiesen agradecido…

Por: Emilio Moya | Internacional | Comentarios (0) | Referencias (0)

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