Lunes, 27 de noviembre de 2006
A veces Mario Vargas Llosa en lugar de expresar sus ideas políticas conservadoras, cuenta historias que llegan al corazón.
Este domingo cuenta la historia de una joven que se instala en Palestina para luchar contra las acciones israelíes, y merece la pena leer al menos algunos párrafos:
Era una joven idealista y pura, vacunada contra la ideología y el odio que ella suele engendrar, por la limpieza de sus sentimientos y su generosidad, que se vierten en cada línea de las cartas que dirige a su madre, explicándole cómo, a pesar del sufrimiento que ve a su alrededor -los niños que mueren en las incursiones israelíes, los pozos de agua cegados que dejan en la sed a manzanas enteras, la prohibición de salir a trabajar que va hundiendo en la muerte lenta a miles de personas, el pánico nocturno con las sirenas de los tanques o los vuelos rasantes de los helicópteros- hay de pronto, a su alrededor, en la celebración de un nacimiento, o una boda, o un cumpleaños, un estallido de alegría, que es como un abrirse un cielo de tormenta para que se divise allá, lejísimos, un cielo azul esplendoroso, lleno de sol.
El final de la historia ocurre fuera de la obra, con un episodio sobre el que Rachel no tuvo tiempo de testimoniar. El domingo 16 de marzo de 2003, con siete compañeros del Movimiento Internacional de Solidaridad -jóvenes británicos y estadounidenses- Rachel se plantó ante un bulldozer del Ejército israelí que se disponía a derribar la casa de un médico palestino de Rafah. El bulldozer la arrolló, destrozándole el cráneo, las piernas y todos los huesos de la columna. Murió en el taxi que la llevaba al hospital de Rafah. Tenía 23 años.
En la última carta a su madre, Rachel Corrie le había escrito: "Esto tiene que terminar. Tenemos que abandonar todo lo otro y dedicar nuestras vidas a conseguir que esto se termine. No creo que haya nada más urgente. Yo quiero poder bailar, tener amigos y enamorados, y dibujar historietas para mis compañeros. Pero, antes, quiero que esto se termine. Lo que siento se llama incredulidad y horror. Decepción. Me deprime pensar que esta es la realidad básica de nuestro mundo y que, de hecho, todos participamos en lo que ocurre. No fue esto lo que yo quería cuando me trajeron a esta vida. No es esto lo que esperaba la gente de aquí cuando vinieron al mundo. Este no es el mundo en que tú y mi papi querían que yo viviera cuando decidieron tenerme".©
Mario Vargas Llosa, El País, 05/11/2006.
Por: Emilio Moya | Internacional | Comentarios (0) | Referencias (0)
Los políticos extremeños han destruido muchos tópicos, pero los residentes en Extremadura tenemos mucho que decir, y posiblemente a los trabajadores y desempleados europeos o de otros continentes, les apetezca saber como opinamos de las grandes decisiones
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